La familia es el primer grupo al que pertenecemos y marca nuestra vida a la hora de pensar, sentir, creer y relacionarnos con el mundo. Es en la familia donde comenzamos a aprender los afectos, los miedos, las creencias, la convivencia y las normas sociales. Comenzamos a percibir el mundo a través de lo que escuchamos y vivimos dentro del seno familiar. El núcleo familiar juega, por tanto, un papel determinante en nuestro desarrollo.
A lo largo de la vida, en el grupo familiar pueden surgir conflictos o dificultades que no pueden solucionarse desde dentro, ya que uno o varios miembros están implicados y la situación se ha ido poniendo cada vez más difícil. Es en este momento cuando los especialistas pueden aportar perspectiva y sugerir nuevos enfoques para analizar qué es lo que está sucediendo y por qué se mantiene el malestar y el sufrimiento.
La terapia familiar sistémica pone su énfasis en el manejo de la comunicación y la interacción entre todos los miembros. La familia forma una unidad con un equilibrio propio, es un grupo integral donde cualquier movimiento afecta a todo su conjunto. La familia se entiende como un grupo de interacciones, es dinámico y está en continuo cambio.
Tiene un enfoque práctico dirigido a la solución de problemas, no tanto al foco de la causa del conflicto. Se estudian los patrones de interacción entre los miembros, llegando a la toma de decisiones consensuada. Todos los miembros de la familia tienen un papel importante, cada movimiento individual, cada cambio, repercute en el conjunto y en el equilibrio del sistema familiar.